Mi pequeña

Daniela ya está con nosotros. Llegó puntual, en la fecha prevista, con todo organizado y preparado para que su llegada supusiera el menor cambio posible en las rutinas de los hermanos. Y su nacimiento ha marcado otro día inolvidable, lleno de momentos únicos como el ver su carita por primera vez y la de los hermanos cuando la vieron a ella. Porque cada nacimiento es único y se queda grabado para siempre.
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Y con la misma tranquilidad que viví el tercer embarazo me enfrento a su crianza, con esa seguridad que te aporta la experiencia, aunque con la misma emoción que con el primero. Con el mismo instinto animal y salvaje que me hace no despegarme de ella, querer dormir con ella, respirar con ella, respirar su olor, pasar las horas mirándola y e intentando comprobar una vez más la magia de la genética. Ver como se parece más al hermano mayor que a la mediana, ver como tiene las manos de su madre y la nariz de su padre.
Esta es la presentación oficial de la pequeña Daniela. Con la que a partir de ahora pasaré largos ratos y la que me ocupará muchas horas del día aunque seguiré sacando tiempo para contároslo.
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Feliz Miércoles!

La magia del momento

Sin duda, el momento del nacimiento de nuestros hijos es uno de los más importantes de nuestra vida. Es una experiencia de las grandes. De esos momentos que recordaremos siempre. Por eso tenemos en nuestro poder la opción de elegir muchos de los detalles que queremos para la ocasión.

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Elegir cómo y dónde queremos dar a luz es el primer paso. La última tendencia es dar a luz en casa atendida por una doula o matrona. Pero para esto hay que valer y tener el apoyo de los que te rodean o van a estar contigo en esos momentos.
La opción más común es elegir entre hospital público o privado. Existen varias diferencias entre ellos. En los privados te atiende el parto el ginecólogo que te ha visto durante todo el embarazo y en el público lo hace la matrona que esté de guardia en ese momento. Por otro lado, el porcentaje de cesáreas es más alto en los privados. En los públicos los protocolos de atención suelen respetar más las necesidades naturales de la madre y el recién nacido en esas primeras horas de vida juntos.
En mi caso, después de comparar y comprobar in situ todos estos datos a tener en cuenta, me decidí por un hospital público en el que pude disfrutar y vivir esa experiencia como única y maravillosa.

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Gabriel nació por parto natural, con epidural, sin episiotomía, ni puntos, sin edemas y sin rasurar. Estuvimos piel con piel desde que le puse encima de mi al asomar su cabecita. Asistí a varias sesiones de una fisioterapeuta especialista es suelo pélvico que me ayudó mucho con su trabajo y que forma parte ya de esta experiencia. Durante la preparación al parto visité ambos hospitales en las visitas guiadas que suelen hacer, lo que me ayudó a decidirme por completo.
Con Carla tuvo que ser cesárea programada porque no se giró y estaba con la cabecita hacia arriba. La experiencia fue completamente distinta aunque cuando la pude ver lloré con la misma emoción. De Gabriel aún recuerdo el olor de su piel sobre mi con minutos de vida, esos ojos abiertos que me miraban fijos.. Es un momento único y fascinante que permanecerá imborrable en mi memoria.

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Por eso siempre animo a mis amigas futuras mamás a que valoren e investiguen un poco antes de decidir el lugar. Estar embarazada no es una enfermedad y dar a luz es un proceso natural para el que todas las mujeres estamos capacitadas.